febrero 04, 2012

Guerreros de la Orden Oscura


Frente a mis ojos transcurrieron miles de épocas. Sufrimientos, dolores, sueños y muertes. Las desilusiones de algunos y las glorias de otros. Miles de años desde la formación de la orden de los Sith. Todos los conocimientos y todos los secretos encerrados en un destello de luz, que irónicamente solo pueden traer oscuridad.
A veces pienso que este pequeño artefacto no fue olvidado, simplemente fue ocultado fuera de las memorias de los seres vivientes. Con esto pude entender los errores y las debilidades, pero al mismo tiempo pude sentir el poder devastador que se esconde en las tinieblas que rodean a la fuerza. En el interior de mis pensamientos creció el deseo de enfrentar a los que tienen la autoridad y arrebatarles su lugar, pero entendí cuan solo estaba y que si realmente quería tener en mis manos ese momento, tendría que encontrarme allí.
Escondí el holocrom de los antiguos maestros, muy cerca al lugar donde lo encontré, un sitio seguro donde nadie pueda hallarlo. A partir de ahí tomé la determinación de volver a Coruscant y enfrentar al emperador, y como lo pensé fui arrestado, acusado y convertido en sirviente.

Podría preguntar que se siente estar muerto, que se siente sufrir y al mismo tiempo perderse en medio de la nada. Ahora comprendo que he pasado mucho tiempo curando mis heridas y aún así me veo débil, de no ser por todas estas maquinas que intentan reanimarme, hubiera muerto solo un momento después de haber caído en Bespin.

Levemente puedo recordar porque arribé a la ciudad flotante. Parece que estoy en animación suspendida, seguramente es este doctor desquiciado quiere desquitarse convirtiéndome en otro de sus experimentos. Pero no se lo permitiré, solo espero recuperarme y desaparecer de este lugar, no dejaré que vuelvan a encerrarme.

Ahora puedo recordarlo claramente, luego de ser encerrado durante tanto tiempo, por no querer obedecer al científico que se cree Sith. Tal vez si le hubiese entregado el holocrom las cosas fuesen diferentes.
Nunca les perdonaré la humillación. Me tomaron como siervo, me esclavizaron para que simplemente obedezca las órdenes de Sidious y asesine a todo aquel que quiera oponerse al imperio.

En secreto, realizaron algunos experimentos. Buscaban perfeccionar el control mental y el control físico, buscaban el conocimiento del lado oscuro de la fuerza.
Al final, en un arduo y cruel entrenamiento, solo nueve guerreros sobrevivimos. Cuando los experimentos iniciaron éramos cuarenta y cinco conejillos, luego nos dividieron en cinco grupos de a nueve. Nuestra misión como grupo era volvernos uno solo, adaptarnos y complementarnos como equipo, para luego destruir a los otros intentando sobrevivir.
Entrenamos en distintos ambientes y en numerables situaciones, convirtiéndonos en seres insensibles, llenos de odio y maldad, viviendo para eliminar, luchando en todo instante contra una sed insaciable por la muerte.
Para ese momento, la insolencia de los rebeldes había crecido lo suficiente, cientos de bases se estaban formando en los planetas menos conocidos y el poder de los Jedi crecía lentamente en el olvido.
A los oídos del emperador llegó la noticia. En un planeta en especial se acentuaba el más avanzado centro de operaciones rebelde y en su fortaleza, una prometedora academia Jedi daba esperanza a la desaparecida orden. Para eliminar esta pequeña amenaza se necesitaba un guerrero silencioso y definitivo al momento de realizar su objetivo. Eso era lo que Lord Vader sugería y su sugerencia no estaba lejos de lo que Sidious planeaba, aunque él no conocía nada al respecto y un nuevo viaje le permitió olvidarse de la pequeña situación.

 Fuimos liberados de los lugares de entrenamiento, donde nos mantenían. La orden era sencilla: eliminarlos a todos y desaparecer por completo la fortaleza rebelde. Nadie allí podría sobrevivir. Solo se nos aconsejo ser cautelosos, el resto de la rebelión no podría enterarse, al menos hasta que fuera tarde. A aparte nos dieron instrucciones: la aparente ubicación del lugar, un planeta llamado Barab I, de características muy particulares; se nos dijo que los nativos habían creado en la mayoría de la superficie del oscuro planeta, grandes senderos que dividían sus bosques, con la intensión de confundir a los invasores para luego atacarles. También se nos entregaron nuevas armas y naves veloces.
Me parecía insoportable verme al espejo y saber que ya no era el mismo, que ahora era una especie de monstruo que vivía para asesinar, carcomido por el odio y la verdadera oscuridad. No obstante, la idea de liberar todos estos deseos que agobiaban mi conciencia era deleitante, el poder enfrentar a estos nuevos enemigos. Realmente quería dejar correr esta naturaleza asesina y dejar de estar encerrado.
El emperador nos daba la oportunidad para comportarnos como verdaderos guerreros Sith, eso era lo principal, las otras cosas vendrían por el camino.

Viajamos así al planeta, lo recuerdo. Después de un rápido y callado recorrido, arribé junto a los otros al lugar en medio de un aguacero torrencial. Dejé mi nave para observar los inmensos caminos que frente a mí se dibujaban, cubrí mi rostro con mis vestiduras mientras que la lluvia y el fuerte viento golpeaban mi cuerpo. Después de atravesar algunos senderos, pude sentir que éramos observados por los nativos, pero no les di importancia, principalmente por que los otros tampoco lo hicieron.
Seguimos rumbo a unos grandes desfiladeros, lugar donde debía estar la base rebelde. En medio de las rocas se escondían un mediano hangar y lo que parecía ser una estructura de comunicación satelital. Esa era la función de este centro, transmitir las comunicaciones rebeldes de extremo a extremo de la galaxia.
Cuando menos pensé me di cuenta que no estábamos solos. No eran nativos los que nos observaban, era un grupo de droides saboteadores. Los habían enviado a seguirnos para que no escapáramos y para colaborar en el cumplimiento de la misión.
Entramos de una manera muy fácil al hangar. Aparentemente en ese momento se estaban realizando movimientos importantes, los rebeldes intercambiaban información muy valiosa para sus intensiones y los Jedi entrenaban en los últimos niveles de la estructura, podía sentir sus presencias, algunos maestros y varios Padawans. Los droides comenzaron a realizar su trabajo e infestaron el hangar con detonadores, luego nos dirigimos a la plataforma de comunicaciones; todos esos archivos debían desaparecer.
Algunos insignificantes guardias intentaron detenernos. Disfrute al eliminar a varios con mi sable, había pasado tiempo sin que hiciera eso. Sin embargo alcanzaron a dar la alarma y todos se percataron de nuestra presencia.
El entrenamiento de los Jedi fue interrumpido y sin dejar escapar un pensamiento subieron para defender la estructura. Los droides se esparcieron para minar toda la base, en tanto que los soldados nos enfrentaban. Con el poder de la fuerza los empujábamos sobre las computadoras, al tiempo que con nuestros sables desviábamos todos sus disparos. De repente, sentí como los Jedi atacaron a los droides, destrozándolos sin mucho esfuerzo. Acabé con los rebeldes que se atrevieron a dispararme y me acerqué para evitar que todos los droides fueran destruidos, dejando atrás a mis compañeros, quienes sin duda disfrutaban el momento tanto como yo.
Primeramente encontré en mi camino a tres Padawan, demostraban ser hábiles con el sable y con sus movimientos, pero no perdí tiempo al acabarlos. Los droides también alcanzaron a defenderse y con sus disparos y algunas de sus bombas, eliminaron a varios Jedi. Pude observar a dos de los droides sobrevivientes y estuve a su lado para defenderles. Volvimos al hangar en medio de disparos y explosiones, mientras subíamos nos encontramos con tres de los guerreros, quienes habían destrozado a un gran grupo de soldados. No obstante, al llegar al primer nivel nos esperaban siete maestros y cuatro de los más experimentados aprendices.
Los droides se hicieron a un lado, desapareciendo en medio del humo que salía de los niveles inferiores. Enfrenté a tres de los Jedi, juntos me atacaban, pero me defendía esquivándolos y oscilando mi sable, al tiempo que los tres Sith con los que había sido entrenado peleaban de una manera muy similar. Unos instantes transcurrieron en medio del duelo, hasta que los detonadores se activaron.
Las explosiones iniciaron desde abajo y en un momento la base empezó a tambalearse. Los Jedi continuaban atacándonos. Tres de los maestros nos alejaron y en un descuido nos empujaron con el poder de la fuerza, tirándonos al pasillo que comunicaba al hangar con el resto de la base. Intenté levantarme antes que los otros, pero cuando lo hice el lugar explotó sobre nosotros.
Una gruesa capa de humo cubría la gran cantidad de escombros que se había formado, pero la fuerte lluvia no cesaba y poco a poco disipó el ambiente. Pude liberarme con dificultad de los pedazos de concreto que me habían sepultado, para observar que los otros ocho asesinos ya habían salido de las ruinas y me esperaban.
La lluvia lavó mi rostro mientras que mi corazón se inundaba de ira y rencor. Los Jedi habían huido del planeta, podía sentir sus presencias alejarse, podía sentirles como si viera el rastro que dejaban al caminar.
Sentía al tiempo algo de dolor, la base me había caído encima, a todos por igual, pero no descansamos por ello, solo esperamos a que los Jedi se detuvieran, a que se situaran en un solo lugar y así poder atacarles.
Caminamos por varias horas por los senderos, todo parecía estar más oscuro que antes y el ambiente empezaba a calentarse. Llegó el momento en que me sentí perdido y aunque intentaba encontrar una salida, no podía lograrlo. No quisimos tolerar más la situación, en ese momento la luz de nuestros sables se adueño del espacio, reflejando su color rojizo sobre los senderos de arboles frondosos.
Solo pasaron unos minutos y los bosques que nos rodeaban cayeron a nuestros pies, arrancados de la tierra por nuestro poder. Pero ahora nos parecía que no era suficiente, por ello nos dirigimos a las aldeas. No recuerdo como eran ni cuantas eran, solo puedo recordar los gritos de dolor y desesperación que se escapaban inundando nuestras almas, llenándonos de más crueldad, con cada nativo que caía y era desmembrado por nuestros sables.
Nos quedamos para desolar el planeta, para llenarlo de muerte y silencio. El lugar entero lloraba de tristeza y nos miraba con miedo, escondiéndose en la oscuridad de la noche, la cual era demasiado prolongada. Tal vez fue algo salvaje o inhumano, pero eso éramos, eso somos.
Al final podía sentir el poder que corría por mis venas. Mis ojos contemplaban como las furiosas llamaradas consumían y arrasaban con todo a su paso y en mi mente solo se plasmaba el deseo de ir en busca de aquellos Jedi.

El lugar fue fácil de encontrar, las imágenes vuelven nítidas a mí. Los Jedi se habían situado por un tiempo en el mismo planeta y aunque prácticamente nuestras ordenes ya estaban cumplidas, era nuestro deseo vengarnos. No solo fue fallar en la misión, fue la humillación por ser derrotados de esa manera.
Nos dirigimos a Bespin. Desde la ciudad flotante nos llegaban los rastros de la presencia de los Jedi, era como si un camino se regara frente a nuestros ojos. Viajamos con rapidez, no soportábamos la idea en que esos Jedi aún estuvieran con vida y para cuando llegamos el día en Bespin había sido derrotado por la frialdad de la noche y su sol no tenía más escapatoria que ocultarse.
Estando ya en la ciudad, una escalofriante brisa venia a nosotros desde las nubes. Nos rodeaba, nos encerraba con cada paso que dábamos al adentrarnos en las calles, las cuales eran adornadas por grandes edificios.
Nuestros rostros eran cubiertos por nuestras vestiduras, mientras que caminábamos en completa soledad; ni aún los guardias dejaban verse. Los once Jedi se habían separado, cuatro maestros se encontraban con sus aprendices en distintos lugares de la ciudad y los otros tres se reunían en un edificio cercano a nuestra posición.
Decidimos atacar a los tres maestros, pensamos que no sobrevivirían a nuestro ataque. Les superábamos en número y supuestamente era igual en poder. Trepamos por la estructura externa de uno de los edificios del centro de la ciudad, muy cercano a nuestro primer objetivo, llegando hasta su azotea. Desde allí observábamos una gran parte de la masa de edificios y de inmediato nos dirigimos al lugar, saltando de terraza en terraza.
Al estar tan cerca que podíamos verlos, me percate de que los tres maestros no estaban solos, les acompañaba un extraño alienígena. Me sorprendió su gran altura, el espeso y de color azul brillante pelaje que cubría parte de su piel, y su rostro poco agradable, además de sus cuatro extremidades superiores y la poderosa hacha que llevaba en su espalda, la cual parecía medir no menos de cinco metros.
Es un Pho Ph’eahiano ―dijo el más callado de los nueve, personalmente nunca había escuchado ese nombre―. Pero jamás había visto uno como este ―continuó diciendo―. Sé que miden un metro setenta, pero este parece medir cuatro metros…  Además su cuerpo está muy desarrollado, en realidad parece un mutante, no es como los Pho Ph’eahianos normales.
Me intrigó lo que dijo, pensé que si estaba con los Jedi era porque también formaba parte de la rebelión y por ende correría con la misma suerte.
Escuchamos por un instante la conversación que sostenían. Se preguntaban como el imperio pudo ubicar la ubicación exacta de la base. No me interesaba lo que los Jedi hablaban, pero me causó curiosidad el lenguaje que usaba el todavía extraño alienígena, lo que decía se escuchaba como silbidos, chillidos y al mismo tiempo ladridos, algo muy raro y obviamente inentendible para mí.
Solo un momento después, activé mi sable de luz y salté cayendo en el balcón de aquel edificio, de inmediato los tres maestros dejaron de ignorarnos y con cautela encendieron sus armas y se acercaron hacia la parte exterior. Al verme se sorprendieron.
Eres más persistente de lo que esperaba ―Dijo el Jedi que me había empujado en el hangar.
Clavé mis ojos llenos de rencor sobre su mirada, sin pronunciar una palabra, mientras que los otros ocho encendieron sus sables, dándole un color rojizo a la pared del edificio y opacando el verde y el azul de sus armas. Al instante el enorme alienígena también se asomó, desenvainando su poderosa hacha, volviendo a producir esos raros sonidos. Los Jedi saltaron hacia la azotea del edificio de enfrente, en tanto que desde lejos venían saltando de lado a lado sus otros compañeros.
Los Sith decidieron enfrentarse a los insolentes Jedi, mientras que el Pho Ph’eahiano me observaba fijamente, como con odio. Ellos empezaron a luchar entre sí, estrellando sus sables, moviéndose con agilidad, saltando de un lugar a otro. Por el contrario yo me encontraba quieto, como paralizado, al tiempo que aquel monstruo se me acercaba empuñando firmemente su hacha.
De repente, intentó atacarme de una manera extraordinariamente rápida, solo pude dar un paso hacia atrás esquivándole, pero entonces con uno de sus cuatro brazos me golpeó en el pecho, lanzándome contra una de las estructuras, haciendo que dejara caer mi sable. El golpe fue tan fuerte que me estrelló contra la pared, derrumbándola. Sentía gran dolor en mi pecho, era increíble el poder que tenía esa bestia. Moví los pedazos de pared que me habían caído encima e intenté levantarme, pero al hacerlo vi como el Pho Ph’eahiano saltó desde el balcón con una facilidad humillante, cayendo frente a mí. Le observé sorprendido, al tiempo que él sin dejar pasar un segundo volvió a golpearme atravesando la pared conmigo, lanzándome afuera del edifico. 
Caí hacia el suelo con velocidad, pero alcancé a dar un giro en el aire y pude caer de pie. El Pho Ph’eahiano apareció por el agujero que había hecho en la pared y me miró hablando, era como si se riera, realmente no lo supe. Saltó hacia donde yo estaba y cuando cayó pareció que esa parte de la ciudad temblara, ya que la altura era considerable. De inmediato empezó a atacarme con su hacha, con rápidos movimientos intentaba rebanarme, pero de la misma manera pude esquivarlos, con movimientos de troncos y pequeños pasos hacia atrás, sin embargo, en uno de esos ataques logró causarme una herida diagonal en el pecho, que aunque era superficial, me causaba gran dolor. Al instante me golpeó en el abdomen con el extremo de su hacha dejándome sin aire, para luego golpearme en el rostro con otro de sus brazos. De un solo golpe me estrelló contra el suelo y causó que de mi rostro brotara sangre. Sentía tanta ira ¿Cómo podía estar pasando esto? Ese monstruo insensible a la fuerza me estaba derrotando.
Los ocho guerreros de la orden oscura se habían dividido, mientras que luchaban contra los Jedi. Se suponía que la victoria seria sencilla, demasiado sencilla, pero la realidad contrastó totalmente con lo que pensábamos. Los Jedi detenían sus ataques con facilidad, se movían de una manera increíble y sus ataques hacían retroceder a los asesinos Sith.
Ingaly, una de las tres mujeres de nuestro grupo, enfrentaba sus dos sables contra el de un maestro Jedi, pero se veía impotente ante la experiencia y el desenvolvimiento de su oponente. Pensamos mal al creer que los Jedi colocan la compasión sobre todas las cosas y que no se dejan llevar por el rencor que sienten hacia los Sith, realmente los Jedi y los Sith son demasiado parecidos.
Luego de atacarla varias veces haciéndola retroceder, el maestro Jedi le causó una herida en su pierna izquierda y al ver en ella un momento de descuido, la decapito sin piedad.
Carlek, el más callado de todos, afrontó a dos de los Padawan y de una manera no tan fácil pudo imponerse, primero golpeando en el rostro a uno de los muchachos y empujándolo con el poder de la fuerza a un lugar lejano, después atravesando con su sable al segundo, luego de arrebatarle su arma con una patada.
Yirak, el Sith más experimentado de los nueve, desafió a dos maestros. Por un buen momento pudo detener los ataque juntos de los Jedi, pero al intentar devolvérselos perdió su brazo izquierdo y al ver en sus oponentes la intensión de matarle, dio una salto hacia atrás cayendo en otro edificio, alejándose. Al verlo, los otros seis guerreros le imitaron y luego de algún golpe o ataque saltaron hacia los otros edificios, alejándose también de sus oponentes.
Por alguna razón los Jedi no estaban dispuestos a dejarles, tal vez sentían rencor por la destrucción de la base y la muerte de aquellos rebeldes, tal vez nos estaban esperando y esto era un atrampa; si fue así caímos de una manera muy fácil.
Los Jedi saltaron a los edificios para seguirles, de inmediato los Sith empezaron a huir, brincando de una estructura a otra, dirigiéndose al lugar donde se encontraban sus naves, no obstante los Jedi les seguían de cerca, muy de cerca. Por esta razón Carlek se detuvo y les atacó con una onda por medio del poder de la fuerza, derrumbando a los Padawan, pero quedando en fracaso frente a los maestros, quienes le golpearon en medio de sus saltos, tirándolo hacia la calle, la cual se encontraba metros abajo. Carlek cayó inconsciente a lo profundo, en tanto que los Jedi seguían persiguiendo a los guerreros de la orden oscura.
Otro de los maestros lanzo su sable de luz, haciéndolo girar a gran velocidad, cortándole las piernas a otra de las mujeres Sith, dejándola tirada en la azotea de otro edificio.
Lentamente y con dificultad pude levantarme, mientras que el Pho Ph’eahiano enterraba su hacha en el suelo de un solo golpe y se acercaba dando pequeños pasos. Esta vez me golpeó con dos de sus brazos, haciéndome girar en el aire, pero con otra extremidad agarró una de mis piernas para que no cayera, entonces apretó mi cuello y mi pecho, como queriendo aplastarme. Era una enorme presión, pero recordé que yo era un Sith, no podía morir de esta manera, así mientras seguía siendo atacado por el enorme alienígena, me concentré en la fuerza, haciendo elevar un trozo de concreto, lanzándoselo en el rostro. El golpe fue duro porque lo hizo retroceder, por lo que di un salto alejándome lo suficiente de él. Esta vez tocó su rostro y miró que brotaba sangre, entonces dio un grito enfurecido. Por un instante creí que mis oídos explotarían, luego empezó a correr hacia mí, como queriendo embestirme.
Con el poder de la fuerza elevé inmensos trozos de concreto y empecé a lanzárselos, los más pequeños los destrozaba con sus brazos y las más grandes los esquivaba saltando o rodando por el suelo, pero luego le lancé uno de grandes proporciones, el cual se estrelló frente a él, haciéndolo retroceder. A la vez que el Pho Ph’eahiano intentaba detener el pedazo de muro, forcejeándolo con sus cuatro brazos, pude observar a lo lejos mi sable de luz y de inmediato lo atraje hacia mí, encendiéndolo en el aire, tomándolo con mi mano diestra. En ese momento aquella bestia levantó el enorme pedazo de muro y me lo lanzó.
Pude saltar a un lado y esquivarlo, no obstante este corrió y tomó su hacha, deteniéndose un momento para que nuestras miradas chocaran. Ambos corrimos para enfrentarnos, el filo de su hacha soportaba el poder de mi sable y por esto detenía todos mis ataques y podía atacarme, incluso me hacía retroceder. En un movimiento corté su hacha en dos, ya que el mango de esta no era tan resistente, luego oscilé mi sable y le arrebate uno de sus brazos. Furioso me dio un rodillazo dejándome nuevamente sin aire y haciendo también que dejara caer mi sable. Con otro golpe me lanzó lejos del lugar, en tanto que con uno de sus enormes pies aplastó mi sable, volviéndolo pedazos. Me levanté recuperando el aire, para ver que había saltado dirigiéndose hacia mí, como queriendo también aplastarme. Intenté esquivarlo pero no pude y cayó sobre mí, rompiendo el suelo, llevándonos al interior de la ciudad.
Los Sith que quedaban alcanzaron a observar sus naves, pero sentían todavía la respiración de los Jedi a sus espaldas. Súbitamente un misil sorprendió a los Jedi y explotó cerca de los maestros, haciendo volar a tres de ellos; un escuadrón de clones había sido enviado a buscarnos. Los Jedi restantes se sorprendieron al verlos y se detuvieron para anular con sus sables los disparos de los clones. Yirak vio el momento oportuno y se devolvió atacando a los Jedi, empujando a uno con el poder de la fuerza, atravesando a otro en el momento que intentaba defenderse.
En ese instante los Jedi murieron, la mayoría por los disparos de los clones. Si no fuese por ellos las cosas habrían resultado de otra manera.
Luego de unos segundos reaccioné sintiendo como un vasto polvo intentaba ahogarme. Caminé a través de los escombros que habían caído desde arriba, intentando divisar al Pho Ph’eahiano. Pude presentir un pedazo de concreto que venía hacia mí y con el poder de la fuerza lo detuve y se lo devolví con una velocidad doble, pero el maldito monstruo lo detuvo y con sus tres brazos lo volvió polvo. Me sorprendió nuevamente su fortaleza, en tanto que él no perdía tiempo para continuar lanzándome cosas. Con unos saltos hacia atrás pude esquivar todos los pedazos de escombros que me tiraba, pero entonces vi que a mi espalda se encontraban los muros de la ciudad flotante. Esta vez lanzó otro pedazo, dirigiéndolo a mi rostro. Salté hacia él para golpearlo, esquivando el ataque que se estrelló contra el grueso muro, rompiéndolo.
Cuando dirigía una patada hacia su pecho, me tomó con dos de sus brazos y me chocó contra el suelo, al tiempo que una fuerte brisa entraba a través del enorme agujero que se había creado. De una patada me levantó, acercándome hacia el final de la ciudad. Me levanté con un dolor que me estaba matando, mientras que él volvía a correr hacia mí, queriendo envestirme de nuevo. Salté dejándolo atrás, cerca al agujero, de inmediato eleve todos los escombros que se encontraban en el lugar, ese habría de ser mi último movimiento, todos los golpes que había recibido me pasaban factura. El Pho Ph’eahiano volvió a gritar pero esta vez no causo efecto, al tiempo le lancé todos los pedazos. Intentó detenerlos con su fortaleza y en parte lo estaba logrando, aunque empezaba a retroceder; al final fueron demasiados y para cuando todos impactaron sobre él, lo despidieron por el agujero, haciéndolo más grande, sacándolo de la ciudad flotante.
Recuerdo haber visto al enorme alienígena desaparecer en medio de las nubes, antes de desplomarme en medio del polvo y el resto de muros que habían caído. Esta batalla siempre vivirá en mi mente. Fue un poderoso guerrero y un gran oponente, digno de ser recordado.

De ahí nos trajeron a Coruscant, esto hubiese sido tomado como una derrota, ya que la misión no se llevo a cabo como el emperador desearía, pero todavía éramos parte del experimento. En nosotros vieron las fallas y las debilidades, y tomaron el verdadero camino para formar a los guerreros que el señor de los Sith necesitaba.
El fracaso, la debilidad y la incompetencia no pueden ser tolerados ―dijo el emperador después de conocer lo sucedido.
Ignoro cuales serán los planes de Sidious, solo una cosa es segura, las fallas no volverán a verse y el grupo de rebeldes y adeptos a la orden Jedi experimentaran una nueva cara del imperio, una que tal vez nunca imaginaron, o que tal vez nunca creyeron posible.

Aun continuo en medio de mis recuerdos, espero que todo esto haya valido la pena y que el emperador desista de nuestros servicios, aunque no para tratar de eliminarlos.
Con cada momento que pasa mis fuerzas vuelven para alentarme, todo esto solo alimentó más mi odio y mi rencor, cada experiencia vivida trae fortaleza y nuevas perspectivas, el error de subestimar a mis enemigos no se puede repetir, el entrenamiento es irremplazable y la búsqueda de nuevos poderes es inminente.
Espero salir pronto de esta capsula de recuperación y retomar las cosas que dejé cuando fui arrestado, presiento cada vez más cerca la caída de Sidious, pero no permitiré que sea la caída de los Sith, sin duda mis compañeros me apoyaran en esto.
Espero con ansias lo que ha de suceder, aunque ya no soy el mismo de antes y el lado oscuro cada vez se adentra más en mi corazón.

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