febrero 02, 2012

La Batalla del Valle del Fin (Parte 1)

La Batalla del Valle del Fin
“Basado en el Capítulo 399 de Naruto Shippuuden”


La tenue luz creada por la contadas velas, que de cierta forma adornaban las columnas de aquella sala, alumbraba con un constante parpadeo el recinto sagrado de los Uchiha; el ambiente se infestaba de silenciosos murmullos, los cuales se escapaban de entre la formación de hombres y mujeres, quienes a pesar de encontrarse inmóviles, deseaban en su corazón poder escaparse de aquel lugar, deseo que se expresaba en sus rostros, en sus gestos y hasta en el diminuto brillo de sus miradas. Una sensación incomoda y de fastidio se levantaba y se apoderaba de todas las conciencias, porque justo en ese instante el famoso clan Uchiha experimentaba una época de confusión; no hacía mucho desde el pacto de paz con los Senju sus más acérrimos enemigos y la formación de la aldea oculta entre las hojas, también no hacía mucho, escasos días desde el nombramiento del primer Hokage de Konoha, Hashirama del clan Senju de los bosques.
Todo esto y la transformación que los portadores del Sharingan se vieron obligados a sufrir por causa de la paz, transformación que les cambió totalmente su modo de vida e incluso que se atrevió a cambiar o a degradar el poder que ellos se jactaban demostrando, puesto que si no habían guerras ni enfrentamientos como antes, no había forma en que los Uchiha pudieran sobresalir o al menos no como ellos acostumbraban; todo esto mantenía aturdidos a los miembros del clan, quienes ya no sabían cómo actuar, quienes estaban perplejos ante el ambiente de absoluta paz que poco a poco se formaba en Konoha, un ambiente que siempre habían soñado y que antes nunca habían podido obtener. Por eso mismo se encontraban inmóviles en aquel lugar, sin saber si escuchar o no aquella voz que les amonestaba, sin querer traicionar sus principios y su pasado, pero también sin querer perder esa armonía que tanto habían deseado.

―¿A caso no me están escuchando? ―preguntó gritando aquel hombre que se encontraba frente a la formación de ninjas, quien miraba desesperado la confusión de sus hermanos; para él esto que sucedía era algo inconcebible, principalmente porque en su corazón nunca había deseado la paz, él era feliz con su vida de guerras, muertes y luchas interminables, por esto no comprendía esa duda que dominaba a los demás miembros del clan, por esto se indignaba ante la “humilde” actitud de los suyos.
―¿No ven que estamos siendo humillados?… Esto es solo el comienzo, si permitimos que los Senju continúen dominándonos, llegará el momento que el clan Uchiha dejará de existir ―decía aquel que tiempo atrás había sido nombrado líder y estandarte del poder del Sharingan, quien era conocido como el Shinobi más poderoso de entre todos los Uchiha; Madara, el primer ninja en haber despertado el legendario Mangekyou Sharingan.
―Esto lo hago por nuestro bien, para proteger nuestro clan ―insistió Madara, en tanto que algunos de los que estaban en frente suyo quisieron interrumpirle y de entre estos uno de los de más experiencia no pudo resistir y rompió el silencio que los demás miembros de clan habían sustentado.
―Madara… No podemos permitir que te rebeles ante el Hokage ―dijo el hombre luego de haber disipado todas sus dudas y todos sus miedos, habiendo optado por apoyar la paz que en ese instante vivían.
―¿Qué? ―preguntó atónito el líder, experimentando una sensación de traición.
―Es verdad… No queremos que los tiempos de guerra regresen ―contestó otro encendiendo el espíritu de los demás ninjas.
―¡Es verdad! ―empezaron a gritar algunos.
―¡No! ―exclamó Madara―. ¡Yo soy su líder! ¡Deben obedecerme! ―les gritó a sus hermanos rebosando de ira su ser, haciendo que en sus ojos se mostrara la apariencia del Mangekyou.
Este grito impactó en gran manera a los Uchiha, despertando su orgullo y arrogancia, pero todos esos sentimientos fueron lanzados únicamente contra Madara.
―¡Ya no te seguiremos! ―gritó una de las mujeres, prendiendo la mecha que terminaría en una explosión de rebeldía.
―¡Solo te mueves por ambición! ¡Lo único que deseas es tener el control! ―gritó uno de los más jóvenes, aquellos que en cierta forma envidiaban a Madara, puesto que siendo él de una edad cercana a la de ellos, podía vociferar de forma presuntuosa su rango como el líder de todo el clan.
―El clan no te importa en absoluto, lo único que te importa es tu propio bien… Por eso robaste los ojos de tu hermano ―dijo aquel que había hablado primero, sorprendiendo aún más al sentido líder, callando con una seña a los que se estaban sublevando.
―Yo no robé los ojos de mi hermano ―contestó Madara bajando el tono de su voz, apretando con fuerza sus manos, perdiéndose en el silencio que volvía a apoderarse del lugar.
―Ya no te seguiremos Madara… Ya no eres el líder del clan Uchiha ―volvió a decir aquel quien parecía ser el nuevo líder emergente, para luego girarse y empezar a salir de la sala, en tanto que Madara le miraba como si estuviese hipnotizado, al tiempo que los demás Uchiha le seguían dejando el lugar totalmente vacío y a Madara completamente solo.

Las hojas se movían con delicadeza, como bailando ante el suave roce del viento del amanecer; los abundantes bosques se levantaban poderosos rodeando la aldea de Konoha, mientras que en el firmamento la luna se escondía tras la muerte de la noche y con lentitud el sol era revivido, anunciándose tras los colores rojizos que en las nubes se dibujaban. El lento pero continuo sonido que producían sus pasos, era lo único que acompañaba a Madara; luego de ser despreciado, abandonado y traicionado por su familia, por sus seguidores, el orgulloso Uchiha abandonó la aldea teniendo un solo objetivo en mente, volver para vengarse, para destruir todo y a todos los que conformaban Konoha. Mientras que en derredor del País del Fuego, decenas de ninjas corrían y saltaban de un lado a otro en busca de aquel desertor, en el centro de la aldea, allí donde se levantaba el siempre visible signo de fuego, el primer Hokage recibía los reportes de parte de los grupos de Shinobis que estaban de forma a sus órdenes, aquellos que luego serían llamados ANBU.
―Hokage-Sama ―dijo uno de los tres ninjas que traían reporte―. No hemos encontrado rastro de Madara… Es como si hubiese desaparecido ―volvió a decir estando al igual que los otros, arrodillado ante Hashimara.
―No importa… Sigan buscando, él debe aparecer ―respondió el Hokage, manteniendo un semblante tranquilo.

Transcurrieron algunos días y Madara seguía caminando sin tener un rumbo preciso o al menos eso parecía; al final, luego de haber atravesado todo el País del Fuego y haber llegado a las fronteras del norte, se detuvo frente al inicio de un inmenso valle, estando bajo una monstruosa sombra que le envolvía por completo, pero que al mismo tiempo se mantenía frente a él.
―Por fin te he encontrado ―dijo el Uchiha sonriente, en tanto que en sus ojos aparecía el Mangekyou Sharingan.
―Esto es grave ―expresó uno de los ninjas de Konoha, quien junto a sus tres compañeros observaba a Madara, estando sobre los árboles de uno de los últimos bosques―. Debemos avisar de inmediato al Hokage ―volvió a decir aquel ANBU, alejándose de inmediato de ese lugar.

―Así que eso tramaba ―dijo Hashimara al recibir el nuevo y urgente reporte―. Debemos detenerle… Si dejamos que se acerque, la aldea estará en grave peligro ―les ordenó poniéndose en pies, cambiando el aspecto de su rostro, estando muy preocupado pero al mismo tiempo muy molesto.

Durante varias horas Madara estuvo inmóvil, observando sin parpadear a lo que estaba en frente suyo, hipnotizando al poderoso zorro, quien no podía dejar de mirar la figura circular sobre el iris rojizo, quien aunque queriendo devorar al Uchiha, no podía hacer más que estar quieto, sin poder crear sonido alguno, sin ni siquiera poder mover una de sus nueve colas.
―Por esto abandonaste la aldea ¿Verdad?… Para poder encontrar al Kyuubi ―preguntó Hashimara deteniéndose algunos metros detrás.
Una fría brisa atravesó aquel valle, estremeciendo el diminuto y verde pasto, agitando las armaduras de los dos poderosos ninjas. Al mismo tiempo en que las palabras del Hokage eran arrastradas por aquel viento, las nubes empezaban a moverse alejándose temerosas de aquel lugar, dejando como único testigo de la batalla que se iniciaría a la joven, enorme y refulgente luna, quien majestuosa gobernaba el oscuro firmamento, alumbrando con su luz plateada la figura de la bestia y los rostros de los dos Shinobi.
Luego de unos segundos, Madara cerró sus ojos y al abrirlos giró su cuerpo mirando a su rival.
―¿Soy tan importante para Konoha, que el mismo Hokage tuvo que venir a buscarme? ―preguntó con ironía el Uchiha, para luego callarse ante el rugido aterrador que el Kyuubi produjo.
―No permitiré que te acerques a la aldea… Te detendré, ahora, en este mismo lugar ―respondió Hashimara, tomando el enorme pergamino que cargaba en su espalda.
Ambas miradas chocaron por un instante y luego desearon el inicio del duelo; a una gran velocidad cada uno hizo uso de su primera técnica, los clones de sombra de Madara se enfrentaron a los clones de madera del primer Hokage y en el área de pocos metros que separaba a los dos guerreros, comenzó una batalla entre agiles movimientos, veloces ataques y un perfecto Taijutsu.
Los dos grupos de clones se aniquilaron entre sí, por eso esta primera técnica había sido solo un calentamiento, ambos guerreros se admiraban y se respetaban, ambos eran los más poderosos de todos los ninjas de aquellas tierras y el solo hecho de encontrar sus miradas les incitaba a la lucha y en su interior ardía el deseo de encontrar de una vez por todas a un vencedor.
Hashimara y el Uchiha corrieron al mismo tiempo, Madara desenvainó el enorme abanico que siempre tuvo como arma, mientras que el Hokage desenrollaba el gran pergamino, activando los primeros sellos que en él se dibujaban, lanzando una gran cantidad de armas contra su enemigo. Madara saltó girando en el aire y esquivando las armas, las cuales se enterraron al suelo ante los pies del zorro, pero al mismo tiempo el Senju activó un nuevo sello del pergamino, cerrándolo y guardándolo al instante continuo en que una enorme espada emergía del dibujo; los bordes de metal del abanico chocaron contra el filo de la espada, una y otras vez ambos blandieron sus armas, al tiempo en que se movían con rapidez y atacaban, y esquivaban los ataques.
En medio del potente duelo y de los veloces movimientos, Madara arremetió con odio y con fuerza contra su oponente, atacándolo vez tras vez, solo dándole oportunidad de defenderse, hasta el punto en que le arrebató la espada de sus manos e incluso intentó herirle, aún así el Hokage pudo esquivarle a tiempo y retrocediendo logró librarse del golpe del abanico.

Pero Madara no estaba dispuesto a dejar escapar a su enemigo, en su mente veía suya la victoria y soltando su arma unió sus manos, formando con prisa algunos sellos.
―¡Estilo Fuego: Jutsu Llamas del Fénix! ―gritó hinchando su pecho, lanzando desde su boca una gran cantidad de bolas de fuego.
El ataque fue rápido y directo, pero antes que le impactara y estando aún inclinado al suelo, Hashimara unió también sus manos realizando su técnica de defensa.
―¡Estilo Tierra: Jutsu Muro de Tierra! ―al instante un bloque enorme brotó del suelo y protegió al primer Hokage, recibiendo el impacto de las bolas de fuego.
Aquel muro se derrumbó como cual torre de débiles naipes, las potentes explosiones de cada impacto le redujeron a polvo, dejando descubierto a Hashimara.
―¡Estilo Madera: Jutsu de Ataduras de Madera! ―grito el Hokage al forma sus sellos y al instante decenas de gruesas raíces brotaron del suelo con la veloz intención de atrapar a Madara, pero el hábil Uchiha logró evitarlas una y otra vez, saltando, girando en el aire, rodando por el suelo y retrocediendo del lugar, en tanto que las raíces se enterraban y rápidamente volvían a emerger.
Mientras que Madara Uchiha levantaba su rostro llevando su mirada hacia donde estaba su oponente, estando él casi tirado en el suelo, las gruesas raíces descendían con poder acercándosele. En un instante fulminante el Mangekyou Sharingan pareció hacerse más resplandeciente y antes que el ataque de madera de Hashimara enterrara a Madara al suelo, el Kyuubi intervino destrozando las raíces aún cuando iban en el aire, protegiendo al Uchiha con todo su cuerpo.
―¡Maldito Hashimara!… Pensé que contigo no tendría que usar el poder del zorro ―dijo Madara con un leve tono de burla.
―Pensaste mal ―respondió el Hokage poniéndose en pies, estando tan serio como nunca antes había estado.
―¡Te destruiré! ―exclamó Madara esforzándose.
Su grito que se fusionó al rugido estremecedor que el Kyuubi produjo, un rugido tan poderoso que elevó toda la brisa y el polvo de la zona, golpeando con furia la armadura y los cabellos de Hashimara.
―No te saldrás con la tuya ―respondió el Hokage como pensando en voz alta, al momento en que el rugido del zorro agonizaba.
Como con lentitud Hashimara unió sus manos y haciendo uso de su chakra tipo tierra, atacó a Madara con un poderoso Ninjutsu.
―Estilo Tierra: Jutsu del Sismo Destructor ―con estas palabras, se produjo una gran onda que brotó de su cuerpo y revolcó todo el lugar con un potente terremoto, tan potente que levantó y fragmentó la tierra, haciendo desprender grandes pedazos como si fuesen débiles pétalos arrastrados por el viento.

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